jueves, 17 de agosto de 2017

Churruca


—Desde que salimos de Cádiz —dijo Malespina—, Churruca tenía el presentimiento de este gran desastre. Él había opinado contra la salida, porque conocía la inferioridad de nuestras fuerzas, y además confiaba poco en la inteligencia del jefe Villeneuve. Todos sus pronósticos han salido ciertos; todos, hasta el de su muerte, pues es indudable que la presentía, seguro como estaba de no alcanzar la victoria. El 19 dijo a su cuñado Apodaca: «Antes que rendir mi navío, lo he de volar o echar a pique. Éste es el deber de los que sirven al Rey y a la patria». El mismo día escribió a un amigo suyo, diciéndole: «Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto». »Ya se conocía en la grave tristeza de su semblante que preveía un desastroso resultado. Yo creo que esta certeza y la imposibilidad material de evitarlo, sintiéndose con fuerzas para ello, perturbaron profundamente su alma, capaz de las grandes acciones, así como de los grandes pensamientos. »Churruca era hombre religioso, porque era un hombre superior. El 21, a las once de la mañana, mandó subir toda la tropa y marinería; hizo que se pusieran de rodillas, y dijo al capellán con solemne acento: «Cumpla usted, padre, con su ministerio, y absuelva a esos valientes que ignoran lo que les espera en el combate». Concluida la ceremonia religiosa, les mandó poner en pie, y hablando en tono persuasivo y firme, exclamó: «¡Hijos míos: en nombre de Dios, prometo la bienaventuranza al que muera cumpliendo con sus deberes! Si alguno faltase a ellos, le haré fusilar inmediatamente, y si escapase a mis miradas o a las de los valientes oficiales que tengo el honor de mandar, sus remordimientos le seguirán mientras arrastre el resto de sus días miserable y desgraciado». »Esta arenga, tan elocuente como sencilla, que hermanaba el cumplimiento del deber militar con la idea religiosa, causó entusiasmo en toda la dotación del Nepomuceno. ¡Qué lástima de valor! Todo se perdió como un tesoro que cae al fondo del mar. Avistados los ingleses, Churruca vio con el mayor desagrado las primeras maniobras dispuestas por Villeneuve, y cuando éste hizo señales de que la escuadra virase en redondo, lo cual, como todos saben, desconcertó el orden de batalla, manifestó a su segundo que ya consideraba perdida la acción con tan torpe estrategia. Desde luego comprendió el aventurado plan de Nelson, que consistía en cortar nuestra línea por el centro y retaguardia, envolviendo la escuadra combinada y batiendo parcialmente sus buques, en tal disposición, que éstos no pudieran prestarse auxilio. »El Nepomuceno vino a quedar al extremo de la línea. Rompiose el fuego entre el Santa Ana y Royal Sovereign, y sucesivamente todos los navíos fueron entrando en el combate. Cinco navíos ingleses de la división de Collingwood se dirigieron contra el San Juan; pero dos de ellos siguieron adelante, y Churruca no tuvo que hacer frente más que a fuerzas triples. »Nos sostuvimos enérgicamente contra tan superiores enemigos hasta las dos de la tarde, sufriendo mucho; pero devolviendo doble estrago a nuestros contrarios. El grande espíritu de nuestro heroico jefe parecía haberse comunicado a soldados y marineros, y las maniobras, así como los disparos, se hacían con una prontitud pasmosa. La gente de leva se había educado en el heroísmo, sin más que dos horas de aprendizaje, y nuestro navío, por su defensa gloriosa, no sólo era el terror, sino el asombro de los ingleses. »Éstos necesitaron nuevos refuerzos: necesitaron seis contra uno. Volvieron los dos navíos que nos habían atacado primero, y el Dreadnought se puso al costado del San Juan, para batirnos a medio tiro de pistola. Figúrense ustedes el fuego de estos seis colosos, vomitando balas y metralla sobre un buque de 74 cañones. Parecía que nuestro navío se agrandaba, creciendo en tamaño, conforme crecía el arrojo de sus defensores. Las proporciones gigantescas que Trafalgar tomaban las almas, parecía que las tomaban también los cuerpos; y al ver cómo infundíamos pavor a fuerzas seis veces superiores, nos creíamos algo más que hombres. »Entre tanto, Churruca, que era nuestro pensamiento, dirigía la acción con serenidad asombrosa. Comprendiendo que la destreza había de suplir a la fuerza, economizaba los tiros, y lo fiaba todo a la buena puntería, consiguiendo así que cada bala hiciera un estrago positivo en los enemigos. A todo atendía, todo lo disponía, y la metralla y las balas corrían sobre su cabeza, sin que ni una sola vez se inmutara. Aquel hombre, débil y enfermizo, cuyo hermoso y triste semblante no parecía nacido para arrostrar escenas tan espantosas, nos infundía a todos misterioso ardor, sólo con el rayo de su mirada. »Pero Dios no quiso que saliera vivo de la terrible porfía. Viendo que no era posible hostilizar a un navío que por la proa molestaba al San Juan impunemente, fue él mismo a apuntar el cañón, y logró desarbolar al contrario. Volvía al alcázar de popa, cuando una bala de cañón le alcanzó en la pierna derecha, con tal acierto, que casi se la desprendió del modo más doloroso por la parte alta del muslo. Corrimos a sostenerlo, y el héroe cayó en mis brazos. ¡Qué terrible momento! Aún me parece que siento bajo mi mano el violento palpitar de un corazón, que hasta en aquel instante terrible no latía sino por la patria. Su decaimiento físico fue rapidísimo; le vi esforzándose por erguir la cabeza, que se le inclinaba sobre el pecho, le vi tratando de reanimar con una sonrisa su semblante, cubierto ya de mortal palidez, mientras con voz apenas alterada, exclamó: Esto no es nada. Siga el fuego. »Su espíritu se rebelaba contra la muerte, disimulando el fuerte dolor de un cuerpo mutilado, cuyas postreras palpitaciones se extinguían de segundo en segundo. Tratamos de bajarle a la cámara; pero no fue posible arrancarle del alcázar. Al fin, cediendo a nuestros ruegos, comprendió que era preciso abandonar el mando. Llamó a Moyna, su segundo, y le dijeron que había muerto; llamó Trafalgar  al comandante de la primera batería, y éste, aunque gravemente herido, subió al alcázar y tomó posesión del mando. »Desde aquel momento la tripulación se achicó: de gigante se convirtió en enano; desapareció el valor, y comprendimos que era indispensable rendirse. La consternación de que yo estaba poseído desde que recibí en mis brazos al héroe del San Juan, no me impidió observar el terrible efecto causado en los ánimos de todos por aquella desgracia. Como si una repentina parálisis moral y física hubiera invadido la tripulación, así se quedaron todos helados y mudos, sin que el dolor ocasionado por la pérdida de hombre tan querido diera lugar al bochorno de la rendición. »La mitad de la gente estaba muerta o herida; la mayor parte de los cañones desmontados; la arboladura, excepto el palo de trinquete, había caído, y el timón no funcionaba. En tan lamentable estado, aún se quiso hacer un esfuerzo para seguir al Príncipe de Asturias, que había izado la señal de retirada; pero el Nepomuceno, herido de muerte, no pudo gobernar en dirección alguna. Y a pesar de la ruina y destrozo del buque; a pesar del desmayo de la tripulación; a pesar de concurrir en nuestro daño circunstancias tan desfavorables, ninguno de los seis navíos ingleses se atrevió a intentar un abordaje. Temían a nuestro navío, aun después de vencerlo. »Churruca, en el paroxismo de su agonía, mandaba clavar la bandera, y que no se rindiera el navío mientras él viviese. El plazo no podía menos de ser desgraciadamente muy corto, porque Churruca se moría a toda prisa, y cuantos le asistíamos nos asombrábamos de que alentara todavía un cuerpo en tal estado; y era que le conservaba así la fuerza del espíritu, apegado con irresistible empeño a la vida, porque para él en aquella ocasión vivir era un deber. No perdió el conocimiento hasta los últimos instantes; no se quejó de sus dolores, ni mostró pesar por su fin cercano; antes bien, todo su empeño consistía sobre todo en que la oficialidad no conociera la gravedad de su estado, y en que ninguno faltase a su deber. Dio las gracias a la tripulación por su heroico comportamiento; dirigió algunas palabras a su cuñado Ruiz de Apodaca, y después de consagrar un recuerdo a su joven esposa, y de elevar el pensamiento a Dios, cuyo nombre oímos pronunciado varias veces tenuemente por sus secos labios, expiró con la tranquilidad de los justos y la entereza de los héroes, sin la satisfacción de la victoria, pero también sin el resentimiento del vencido; asociando el deber a la dignidad, y haciendo de la disciplina una religión; firme como militar, sereno como hombre, sin pronunciar una queja, ni acusar a nadie, con tanta dignidad en la muerte como en la vida. Nosotros contemplá- bamos su cadáver aún caliente, y nos parecía mentira; creíamos que había de despertar para mandamos de nuevo, y tuvimos para llorarle menos entereza que él para morir, pues al expirar se llevó todo el valor, todo el entusiasmo que nos había infundido. »Rindiose el San Juan, y cuando subieron a bordo los oficiales de las seis naves que lo habían destrozado, cada uno pretendía para sí el honor de recibir la espada del brigadier muerto. Todos decían: «se ha rendido a mi navío», y por un instante disputaron reclamando el honor de la victoria para uno u otro de los buques a que pertenecían. Quisieron que el comandante accidental del San Juan decidiera la cuestión, diciendo a cuál de los navíos ingleses se había rendido, y aquél respondió: «A todos, que a uno solo jamás se hubiera rendido el San Juan». »Ante el cadáver del malogrado Churruca, los ingleses, que le conocían por la fama de su valor y entendimiento, mostraron gran pena, y uno de ellos dijo esto o cosa parecida: «Varones ilustres como éste, no debían estar expuestos a los azares de un combate, y sí conservados para los progresos de la ciencia de la navegación». Luego dispusieron que las exequias se hicieran formando la tropa y marinería inglesa al lado de la española, y en todos sus actos se mostraron caballeros, magnánimos y generosos.


Muerte de Churruca, por Benito Pérez Galgós "Episodios Nacionales". Un biógrafo a la altura del héroe.

lunes, 14 de agosto de 2017

Antonio Vega, un Gigante


Canción "Lucha de gigantes". Poesía cantada.
      Gracias Antonio por tu sensibilidad


Lucha de gigantes convierte
El aire en gas natural
Un duelo salvaje advierte
Lo cerca que ando de entrar
En un mundo descomunal
Siento mi fragilidad
Vaya pesadilla corriendo
Con una bestia detrás
Dime que es mentira todo
Un sueño tonto y no mas
Me da miedo la enormidad
Donde nadie oye mi voz
Deja de engañar
No quiero ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No se contra quien voy
O es que acaso hay alguien mas aquí
Creo en los fantasmas terribles
De algún extraño lugar
Y en mis tonterías para
Hacer tu risa estallar
No quiero ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No se contra quien voy
O es que acaso hay alguien mas aquí
Deja que pasemos sin miedo.

Genio.

martes, 11 de julio de 2017

Córdoba


Canción del jinete



Córdoba.
Lejana y sola.
Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.
¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!
Córdoba.
Lejana y sola.

Federico García Lorca

martes, 6 de junio de 2017

Rima X


Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman
el cielo se deshace en rayos de oro
la tierra se estremece alborozada
Oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas,
mis párpados se cierran...¿Qué sucede?
¿Dime?... ¡Silencio!... ¿Es el amor que pasa?

Bécquer.

martes, 30 de mayo de 2017

Poema de la película Los girasoles ciegos, Antonio Machado


Huye del triste amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.


Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemo del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.


Y ceniza hallara, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvario
que pedia, sin flor, fruto en la rama.


Con negra llave el aposento frio
de su tiempo abrira.¡Desierta cama,
y turbio espejo y corazon vacio!



miércoles, 24 de mayo de 2017

Poema de la película El Dorado, Edgar Allan Poe


No lo sabía pero es un poema de Edgar Allan Poe.


Un caballero alegre y audaz
de día y de noche cabalgando va.
Y canta su canción mientras sigue osado
a la busca de El Dorado.

Pero vano fue su esmero
y ya viejo el caballero,
por la sombra el corazón sintió apresado,
al pensar que nunca el día llegaría 
en que hallaría El Dorado.

Sin fuerzas, exhausto
ya pierde su fe.
Pero de repente, una sombra ve.
"¡Sombra!", grita airado
"Dime donde se halla
la tierra llamado El Dorado”.

Montes de luna cruzando, 
a valles de sombra bajando, 
cabalga siempre osado... 
a la busca de El Dorado.
 
 

jueves, 18 de mayo de 2017

Vasco Núñez de Balboa


Párrafos del libro Vasco Núñez de Balboa de Kathleen Romoli.

A juicio de Balboa, la afición a embrollar las cosas era, en general, un defecto inherente a los abogados. "Una merced quiero suplicar a Vuestra Alteza me haga -escribía al rey después de la fracasada revuelta-, porque cumple mucho a su servicio, y es que Vuestra Alteza mande que ningúnd bachiller en Leyes ni otro ninguno, si no fuere de Medecina, pase a estas partes de la Tierra Firme so una grand pena que Vuestra Alteza para ello mande proveer, porque ninguno bachiller acá pasa que no sea diablón i tiene vida de diablos, e no solamente ellos son malos más aún fasen i tienen forma por donde haya mill pleitos i maldades".
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Cerca estaba el poste en el que estuvo expuesta la cabeza de Balboa y en donde ahora se había fijado un aviso de la inminente residencia de Pedrarias considerada generalmente como una farsa destinada a exculpar al gobernador en toda la línea. "Y estando assi, entraron por la otra parte de la plaça quinçe o veynte roçines o yeguas , e començaron a pastar çiertas hierbas que en la plaça avia en harta cantidad... E estando aquellas bestias bien apartadas, se salió de entre ellas un caballo que avía seydo del adelantado Vasco Núñez de Balboa, e alta la cabeça, a passo tirado y sin pascer ni entenderse a donde yba, después de aver andado más de cient passos, desde donde dexaba a las otras bestias, llegó al poste donde estaba el pregón o edicto afixado, e con los dientes assió del papel dos o tres veçes e hiçolo pedaços: e fecho aquesto, passo a passo, sin se detener en pasçer ni en otra cosa, se tornó a las bestias, de donde avía partido primero, e alli començó con ellas a pasçer".

(Recuerden que Balboa fue injustamente asesinado por la envidia y la maldad. Junto a él asesinaron a sus compañeros: Valderrábano, Botello, Muñoz y Argüello. Y se salvó el padre Pérez por cura, y Garabito por traidor).

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Que todavía Darién brille en el recuerdo de los hombres cuando otros asientos precursores yacen obscurecidos u olvidados, no se debe a los acontecimentos que en ella pasaron en el curso de los años en los que raramente se piensa,  ni tampoco el hecho de que fuera la primera colonia continental en el Nuevo Mundo, ni siquiera a que sus conquistadores "salieran de ella para todo lo que se hizo después". Darién perdura por Vasco Núñez. Si murió con Balboa, también vive con él, unidos e indisolubles en las hazañas, las derrotas y el recuerdo, que es el suprmo galardón de la Historia.

 Mi agradecimiento a Don Alfredo Cruz López.


lunes, 17 de abril de 2017

Semana Santa


Estas saetas me las canta mi madre y siempre me hace llorar.

Virgen de la Soledad,
Virgen de la Soledad,
no tengáis pena ninguna
que Tu Hijo resucita
entre las doce y la una...


En el Calvario dan voces,
Madre mía, quién será,
será la Virgen María
que por su Hijo llorando está...


lunes, 10 de abril de 2017

Amistad de la luna

      Dedicado a Hart Crane.

Esa oscura enfermedad 
que llaman melancolía 
me trajo a la soledad 
a verte, luna sombría. 

Ya seas amante doncella, 
ya informe, negro montón 
de tierra que en forma bella 
nos convierte la ilusión.

Ni a sorprender tus amores 
mis tristes ojos vinieron 
ni a saber si esos fulgores 
son tuyos o te los dieron. 

Ni a mí me importa que esté 
tu luz viva o desmayada, 
ni cuando te miro sé 
si eres roja o plateada. 

Yo busco tu compañía 
porque al fin, muda beldad, 
es tu amistad menos fría 
que otra cualquiera amistad. 

Sé bien que todo el poder 
de tu misterioso encanto 
no alcanzará a detener 
una gota de mi llanto. 

Mas yo no guardo consuelos 
para este mal tan profundo, 
fijo la vista en los cielos 
porque me importuna el mundo. 

¡Vergüenza del mundo es 
si tiene mi pensamiento, 
que ir a buscarte al través 
de las nubes y del viento, 

Y llevar hasta tu esfera 
mi solitaria armonía 
para hallar la compañera 
que escuche la pena mía! 

Mas, pues no me da fortuna 
otra más tierna amistad, 
vengo con mis penas, luna, 
a verte en la soledad. 


Carolina Coronado.

jueves, 16 de marzo de 2017

Historia de Roma, de Indro Montanelli

..., había el "triunfo" que se prodigaba al general superviviente de una victoria en la que hubiese matado al menos cinco mil soldados enemigos. Si había llegado tan sólo a cuatro mil novecientos noventa y nueve, tenía que contentarse sólo con una "ovación", llamada así porque consistía en el sacrificio de una ovis, una oveja, en su honor.
Para el triunfo se organizaba en cambio una imponente procesión fuera de la ciudad, a cuyas puertas, general y tropas habían de deponer las armas y pasar bajo un arco de madera y de ramajes que sirvió de modelo a los que más adelante se construyeron de tofa calcárea. Una columna de trompeteros abría el cortejo. Detrás iban los carros cargados con el botín de guerra; y después, rebaños y manadas enteras destinados al matarife; luego, los jefes enemigos encadenados. Y, por fin, precedido de lictores y flautistas, el general, de pie sobre una cuádriga pintada con vivos colores, con una toga purpúrea sobre los hombres, una corona de oro en la cabeza, un cetro de marfil y un ramo de laurel. Le rodeaban sus hijos y le seguían a caballo, parientes, secretarios, consejeros y amigos. El general subía a los templos de Júpiter, Juno y Minerva en el Capitolio, depositaba el botín a sus pies, hacía reunir a los animales que tenían que degollarse y, como ofrenda supletoria, ordenaba la decapitación de los comandantes enemigos prisioneros. 
El pueblo se regocijaba y aplaudía. Pero por parte de los soldados era costumbre lanzar palabras y pullas mordaces a su general, denunciando sus debilidades, defectos y ridiculeces, para que no se ensoberbeciera y llegase a creerse un padre eterno infalible. A César, por ejemplo, le gritaban: "Déjate de mirar a las matronas, calabaza monda. ¡Confórmate con las prostitutas...!"
Si se pudiera hacer otro tanto con los dictadores de nuestro tiempo, tal vez la democracia no tendría ya nada que temer.


Dedicado al Señor Don Alfredo Cruz López, 10 de Junio 1967.


viernes, 24 de febrero de 2017

Diario de Ana Frank


   Es asombroso que no haya abandonado aún todas mis esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, me aferro a ellas, a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad que nace del hombre. Me es absolutamente imposible construirlo todo sobre una base de muerte, de miseria y confusión. Veo al mundo transformarse día a día en un desierto; oigo, cada vez más fuerte, el ruido del trueno que se acerca y que anuncia probablemente nuestra muerte; me compadezco del dolor de millones de personas; y sin embargo, cuando miro el cielo, tengo fe en que todo eso cambiará y que todo volverá a ser bueno, que hasta estos días desesperados tendrán fin, y que el mundo conocerá de nuevo el orden, el reposo y la paz.



Ana escribió esta obra cumbre de la Literatura Universal con 13 años, eso demuestra que ser escritor es algo que viene de nacencia, es un don innato que se da en muy pocas personas, y Ana es una de ellas, Ana es mágica.

jueves, 23 de febrero de 2017

¿Quién pintó las estrellas de carmín?


¿Quién pintó las estrellas de carmín?
¿Quién plantó un árbol seco en mi jardín?
¿Quién abrió la ventana del balcón?
¿Quién dejó entrar un hada en mi salón?
¿Para quién guardas tan bien tu corazón?


¿Dónde fue esa sonrisa que voló?
Yo también fui a cogerla y escapó
pudo ser un duende en la oscuridad
quiso hacer de un sueño una realidad
dónde fue el gran halcón a aterrizar
ahora el tiempo pasará
tú ya no lo alcanzarás
no mires más al carmín
la luna te cegará.


¿Quién abrió la ventana del balcón?
¿Quién dejó entrar un hada en mi salón
¿Para quién guardas tan bien tu corazón?
Tu corazón, tu corazón...


Canción de Duncan Dhu, del disco Grabaciones olvidadas.

jueves, 9 de febrero de 2017

Luz Long


En la vida hay situaciones difíciles que ponen a un hombre a prueba. Llegado ese momento decisivo es cuando podemos ver la grandeza del alma humana, bueno, mejor dicho, la grandeza del espíritu de algunos hombres, personas excepcionales que hacen lo que deben hacer en cada momento. Es el caso que nos ocupa, Luz Long, el gran campeón alemán que ayudó a Jesse Owens a no ser descalificado en los Juegos Olímpicos de Berlín. Entre ellos surgió una gran amistad que perdurará para toda la eternidad.

Aquí dejo la última carta de Luz Long, herido en un hospital de campaña británico, a su amigo Jesse Owens:

"Mi corazón me dice que quizás esta sea la última carta que escriba en mi vida. Si así fuera , te ruego que hagas algo por mí. Cuando la guerra acabe , por favor, viaja a Alemania, encuentra a mi hijo y explícale realmente quién fue su padre. Háblale de los tiempos en los que la guerra no logró separarnos y dile que las cosas pueden ser diferentes entre los hombres de este mundo.Tu hermano, Luz".

martes, 31 de enero de 2017

Stendhal


-¿Queréis alcanzar los máximos honores en el mundo, las ventajas que la sociedad ofrece, la satisfacción del mando o el placer de poderos burlar impunemente de las leyes, lanzando vuestra insolencia contra cuantos os rodean; u os parece preferible dedicaros a conseguir vuestra eterna salvación? Los más torpes de entre vosotros no tienen más que abrir los ojos para comprender la diferencia que a ambos caminos separa.


Del Rojo y negro,de Stendhal.