miércoles, 24 de mayo de 2017

Poema de la película El Dorado, Edgar Allan Poe


No lo sabía pero es un poema de Edgar Allan Poe.


Un caballero alegre y audaz
de día y de noche cabalgando va.
Y canta su canción mientras sigue osado
a la busca de El Dorado.

Pero vano fue su esmero
y ya viejo el caballero,
por la sombra el corazón sintió apresado,
al pensar que nunca el día llegaría 
en que hallaría El Dorado.

Sin fuerzas, exhausto
ya pierde su fe.
Pero de repente, una sombra ve.
"¡Sombra!", grita airado
"Dime donde se halla
la tierra llamado El Dorado”.

Montes de luna cruzando, 
a valles de sombra bajando, 
cabalga siempre osado... 
a la busca de El Dorado.
 
 

jueves, 18 de mayo de 2017

Vasco Núñez de Balboa


Párrafos del libro Vasco Núñez de Balboa de Kathleen Romoli.

A juicio de Balboa, la afición a embrollar las cosas era, en general, un defecto inherente a los abogados. "Una merced quiero suplicar a Vuestra Alteza me haga -escribía al rey después de la fracasada revuelta-, porque cumple mucho a su servicio, y es que Vuestra Alteza mande que ningúnd bachiller en Leyes ni otro ninguno, si no fuere de Medecina, pase a estas partes de la Tierra Firme so una grand pena que Vuestra Alteza para ello mande proveer, porque ninguno bachiller acá pasa que no sea diablón i tiene vida de diablos, e no solamente ellos son malos más aún fasen i tienen forma por donde haya mill pleitos i maldades".
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Cerca estaba el poste en el que estuvo expuesta la cabeza de Balboa y en donde ahora se había fijado un aviso de la inminente residencia de Pedrarias considerada generalmente como una farsa destinada a exculpar al gobernador en toda la línea. "Y estando assi, entraron por la otra parte de la plaça quinçe o veynte roçines o yeguas , e començaron a pastar çiertas hierbas que en la plaça avia en harta cantidad... E estando aquellas bestias bien apartadas, se salió de entre ellas un caballo que avía seydo del adelantado Vasco Núñez de Balboa, e alta la cabeça, a passo tirado y sin pascer ni entenderse a donde yba, después de aver andado más de cient passos, desde donde dexaba a las otras bestias, llegó al poste donde estaba el pregón o edicto afixado, e con los dientes assió del papel dos o tres veçes e hiçolo pedaços: e fecho aquesto, passo a passo, sin se detener en pasçer ni en otra cosa, se tornó a las bestias, de donde avía partido primero, e alli començó con ellas a pasçer".

(Recuerden que Balboa fue injustamente asesinado por la envidia y la maldad. Junto a él asesinaron a sus compañeros: Valderrábano, Botello, Muñoz y Argüello. Y se salvó el padre Pérez por cura, y Garabito por traidor).

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Que todavía Darién brille en el recuerdo de los hombres cuando otros asientos precursores yacen obscurecidos u olvidados, no se debe a los acontecimentos que en ella pasaron en el curso de los años en los que raramente se piensa,  ni tampoco el hecho de que fuera la primera colonia continental en el Nuevo Mundo, ni siquiera a que sus conquistadores "salieran de ella para todo lo que se hizo después". Darién perdura por Vasco Núñez. Si murió con Balboa, también vive con él, unidos e indisolubles en las hazañas, las derrotas y el recuerdo, que es el suprmo galardón de la Historia.

 Mi agradecimiento a Don Alfredo Cruz López.


lunes, 17 de abril de 2017

Semana Santa


Estas saetas me las canta mi madre y siempre me hace llorar.

Virgen de la Soledad,
Virgen de la Soledad,
no tengáis pena ninguna
que Tu Hijo resucita
entre las doce y la una...


En el Calvario dan voces,
Madre mía, quién será,
será la Virgen María
que por su Hijo llorando está...


lunes, 10 de abril de 2017

Amistad de la luna

      Dedicado a Hart Crane.

Esa oscura enfermedad 
que llaman melancolía 
me trajo a la soledad 
a verte, luna sombría. 

Ya seas amante doncella, 
ya informe, negro montón 
de tierra que en forma bella 
nos convierte la ilusión.

Ni a sorprender tus amores 
mis tristes ojos vinieron 
ni a saber si esos fulgores 
son tuyos o te los dieron. 

Ni a mí me importa que esté 
tu luz viva o desmayada, 
ni cuando te miro sé 
si eres roja o plateada. 

Yo busco tu compañía 
porque al fin, muda beldad, 
es tu amistad menos fría 
que otra cualquiera amistad. 

Sé bien que todo el poder 
de tu misterioso encanto 
no alcanzará a detener 
una gota de mi llanto. 

Mas yo no guardo consuelos 
para este mal tan profundo, 
fijo la vista en los cielos 
porque me importuna el mundo. 

¡Vergüenza del mundo es 
si tiene mi pensamiento, 
que ir a buscarte al través 
de las nubes y del viento, 

Y llevar hasta tu esfera 
mi solitaria armonía 
para hallar la compañera 
que escuche la pena mía! 

Mas, pues no me da fortuna 
otra más tierna amistad, 
vengo con mis penas, luna, 
a verte en la soledad. 


Carolina Coronado.

jueves, 16 de marzo de 2017

Historia de Roma, de Indro Montanelli

..., había el "triunfo" que se prodigaba al general superviviente de una victoria en la que hubiese matado al menos cinco mil soldados enemigos. Si había llegado tan sólo a cuatro mil novecientos noventa y nueve, tenía que contentarse sólo con una "ovación", llamada así porque consistía en el sacrificio de una ovis, una oveja, en su honor.
Para el triunfo se organizaba en cambio una imponente procesión fuera de la ciudad, a cuyas puertas, general y tropas habían de deponer las armas y pasar bajo un arco de madera y de ramajes que sirvió de modelo a los que más adelante se construyeron de tofa calcárea. Una columna de trompeteros abría el cortejo. Detrás iban los carros cargados con el botín de guerra; y después, rebaños y manadas enteras destinados al matarife; luego, los jefes enemigos encadenados. Y, por fin, precedido de lictores y flautistas, el general, de pie sobre una cuádriga pintada con vivos colores, con una toga purpúrea sobre los hombres, una corona de oro en la cabeza, un cetro de marfil y un ramo de laurel. Le rodeaban sus hijos y le seguían a caballo, parientes, secretarios, consejeros y amigos. El general subía a los templos de Júpiter, Juno y Minerva en el Capitolio, depositaba el botín a sus pies, hacía reunir a los animales que tenían que degollarse y, como ofrenda supletoria, ordenaba la decapitación de los comandantes enemigos prisioneros. 
El pueblo se regocijaba y aplaudía. Pero por parte de los soldados era costumbre lanzar palabras y pullas mordaces a su general, denunciando sus debilidades, defectos y ridiculeces, para que no se ensoberbeciera y llegase a creerse un padre eterno infalible. A César, por ejemplo, le gritaban: "Déjate de mirar a las matronas, calabaza monda. ¡Confórmate con las prostitutas...!"
Si se pudiera hacer otro tanto con los dictadores de nuestro tiempo, tal vez la democracia no tendría ya nada que temer.


Dedicado al Señor Don Alfredo Cruz López, 10 de Junio 1967.