miércoles, 27 de mayo de 2026

El teatro nuevo


En una noche lóbrega,

se cierne sobre el ámbito

de la ciudad pacífica

siniestro ser fantástico.

Es el espectro fúnebre

de aquel poeta extático

que a mártires y vírgenes

y apóstoles seráficos

colores dio poéticos

con sus serenos cánticos;

de aquel cuyos volúmenes,

que algunos llaman fárragos,

contienen más esdrújulos

que gotas el Atlántico.

Al ver la chata cúspide

del coliseo náutico,

una sonrisa lúgubre

bulló en sus labios cárdenos,

y con expresión hórrida

exclama contemplándolo

¿Quién fue el patriota estúpido,

quién fue el patriota vándalo,

que imaginó las bóvedas

de ese teatro acuático?

¡Por vida de san Críspulo!

Que a genio tan lunático

merece coronársele

con ruda y con espárragos

para que el tiempo próximo

en los anales clásicos

le aclame por cuadrúpedo

con eternal escándalo.

Así dijera y súbito,

su rostro seco y pálido

tiñóse con la púrpura

del encendido gánigo,

y en los espacios célicos

corrió con vuelo rápido,

pronunciando los últimos

esdrújulos tiránicos,

que en el espacio cóncavo

repite el eco lánguido,

diciendo en voz lacónica

¡Qué bárbaros, qué bárbaros!






Galdós, cuando tenía 18 años. 


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