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lunes, 10 de junio de 2013

El Don de la tristeza

   Entristecer un poco cada día,
y nunca entristecer más de la cuenta,
que la tristeza es pobre y se sustenta
de vuestra caridad y de la mía.

Entristecer por tanta lejanía
y tanto corazón en compraventa
como va entristeciendo aquel que intenta
y no logra alcanzar, por atonía.

La tristeza es un don que no han gozado
los que ríen de todo y para todo
como si no vivieran de prestado.

Entristeder despacio, y de tal modo,
que hasta el último instante la tristeza
puede acabar donde el amor empieza.


Juan Emilio Aragonés

domingo, 7 de agosto de 2011

Anónimo

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.