¡Alto pinar!
Cuatro palomas por el aire van.
Cuatro palomas
vuelan y tornan.
Llevan heridas
sus cuatro sombras.
¡Bajo pinar!
Cuatro palomas en la tierra están.
¡Alto pinar!
Cuatro palomas por el aire van.
Cuatro palomas
vuelan y tornan.
Llevan heridas
sus cuatro sombras.
¡Bajo pinar!
Cuatro palomas en la tierra están.
-Vengas en buen hora, Preciosa: ¿leíste por ventura las coplas que te di el otro día?
A lo que Preciosa respondió:
-Primero que le responda palabra, me ha de decir una verdad, por vida de lo que más quiere.
-Conjuro es ése -respondió el paje- que, aunque el decirla me costase la vida, no la negaré en ninguna manera.
-Pues la verdad que quiero que me diga -dijo Preciosa- es si por ventura es poeta.
-A serlo -replicó el paje-, forzosamente había de ser por ventura. Pero has de saber, Preciosa, que ese nombre de poeta muy pocos le merecen; y así, yo no lo soy, sino un aficionado a la poesía. Y para lo que he menester, no voy a pedir ni a buscar versos ajenos: los que te di son míos, y éstos que te doy agora también; mas no por esto soy poeta, ni Dios lo quiera.
-¿Tan malo es ser poeta? -replicó Preciosa.
-No es malo -dijo el paje-, pero el ser poeta a solas no lo tengo por muy bueno. Hase de usar de la poesía como de una joya preciosísima, cuyo dueño no la trae cada día, ni la muestra a todas gentes, ni a cada paso, sino cuando convenga y sea razón que la muestre. La poesía es una bellísima doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada, y que se contiene en los límites de la discreción más alta. Es amiga de la soledad, las fuentes la entretienen, los prados la consuelan, los árboles la desenojan, las flores la alegran, y, finalmente, deleita y enseña a cuantos con ella comunican.
-Con todo eso -respondió Preciosa-, he oído decir que es pobrísima y que tiene algo de mendiga.
-Antes es al revés -dijo el paje-, porque no hay poeta que no sea rico, pues todos viven contentos con su estado: filosofía que la alcanzan pocos. Pero, ¿qué te ha movido, Preciosa, a hacer esta pregunta?
La Gitanilla, Cervantes.
https://youtu.be/uQh7O2KKAJw?is=ZFvBauG-faE7O64Z
Don Fabrique, hijo del duque de Alba, sitia la ciudad de Haarlem en 1572, pero al hallarse ésta cerca de un gran lago permitía a los holandeses abastecer de agua, comida y armas a los defensores. Don Fabrique, desesperado ante la dificultad de la empresa tras varios intentos fallidos pregunta a su padre si debe levantar el sitio y retirarse a lo que el gran duque de Alba le responde contestando a su misiva:
Si alzas el campo sin rendir la plaza, no te tendría por hijo; que si mueres en el asedio, yo iré en persona a reemplazarte, aunque estuviese enfermo y en cama; y que si faltamos los dos, iría de España tu madre a hacer la guerra, lo que no ha tenido valor o paciencia para hacer su hijo.
En Holanda todavía hoy se asusta a los niños diciéndoles que viene el duque de Alba.
Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Don Antonio Machado.