jueves, 26 de noviembre de 2015

La felicidad en 2 minutos


https://youtu.be/XT6cDQhyaxA

lunes, 23 de noviembre de 2015

Cultura extremeña



Tú que esperaste la espiga,
como espera la hoja al viento,
tú que le diste tu aliento
y el oro de tus fatigas,
que gritaste ¡tierra amiga!
dame el pan de tus terrones,
que mordiste los pezones
de los pechos de la tierra
que sucia ciudad te encierra
bajo sus caparazones.
Que tu cuerpo, no se doble
para besar el asfalto,
que no hay corazón más alto,
ni más puro, ni más noble.
Escucha esa voz de roble
que hace mella en tu costado
no es una voz del pasado
es esa voz de tus sueños
que grita al mundo ¡extremeño!
¡La espiga ha resucitado!.



LETRA DEL EMIGRANTE

Emigrante extremeño
date ya la vuelta
que te espera la tierra
con la puerta abierta
con la puerta abierta
con la puerta abierta
emigrante extremeño
date ya la vuelta.
Se te están yendo los años
se te están yendo los años,
en lágrimas de impotencia
junglas de cemento
sobre tu conciencia
y detrás de la espesura,
queda Extremadura
llorando tu ausencia.
ESTRIBILLO
Detrás de cada mirada
detrás de cada mirada
hay una esperanza presa,
el cerezo llora,
te habla la dehesa
la viña se descañiza
y la tierra grita
¡paisano regresa!
ESTRIBILLO
Volverás viejo castúo
volverás viejo castúo
a morir a Extremadura
para ser abono
de vidas futuras
como una señal divina
te espera una encina
en tu sepultura.
ESTRIBILLO (BIS)

martes, 17 de noviembre de 2015

Saetas


I
«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos...»


Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros...
Largas trompetas de plata.
Túnicas de seda... Cirios,
en hormiguero de estrellas,
festoneando el camino...

El azahar y el incienso
embriagan los sentidos.
Ventana que da a la noche
se ilumina de improviso,
y en ella una voz -¡saeta!-
canta o llora, que es lo mismo:

«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos...»


II
Canto llano... Sentimiento
que sin guitarra se canta.
Maravilla
que por acompañamiento
tiene..., la Semana Santa
de Sevilla

Cantar de nuestros cantares,
llanto y oración. Cantar,
salmo y trino.
Entre efluvios de azahares
tan humano y, a la par,
¡tan divino!

Canción del pueblo andaluz:
...de cómo las golondrinas
le quitaban las espinas
al Rey del Cielo en la Cruz.

...........................................

Tan estrecha era la cama
que el Rey del cielo tenía,
que por no caber en ella
un pie sobre otro ponía.

..........................................

Quién me presta una escalera
para subir al madero
y así arrancarle los clavos
a Jesús el Nazareno.


De Manuel Machado.



martes, 10 de noviembre de 2015

Fandango


Por qué poco te vendí
caballo que tanto quiero.
Hoy vuelvo a tener dinero
y vengo a pagar por ti
diez veces lo que me dieron.

martes, 3 de noviembre de 2015

A la sombra de Manuel Machado



 Sombra triste compañera
inútil, dócil y muda,
que me sigues donde quiera
pertinaz, como la duda.

Amiga que no se advierte,
compañera que se olvida,
afirmación de la vida
que hace pensar en la muerte.

Retrato, caricatura....
Algo que soy yo y no es nada
cosa singular y pura,
al par que broma pesada.

Obsesión y diversión
del poeta solitario.
Insignificante y vacío
tema de meditación.

Primera copia grosera
del cuerpo, y quizá del alma...
¿Por qué esa terrible calma
muda, que me desespera?

Quería , a veces, borrarte,
pintura de brocha gorda.
...Mas yo he oído tu voz sorda
y opaca en alguna parte.

Y conozco su bondad
socarrona y oportuna,
y tus bromas a la luna,
y tu gran fidelidad.

Dime, pues, en la postrera
hora, en el ultimo trance,
cuando la luz no me alcance,
¿tú dónde irás , compañera?

Compañera que se olvida,
amiga que no se advierte...,
afirmación de la vida
que hace pensar en la muerte.

jueves, 15 de octubre de 2015

Manuel Machado

     GERINELDOS, EL PAJE

Del color del lirio tiene Gerineldos
dos grandes ojeras;
del color del lirio, que dicen locuras
de amor de la reina.

Al llegar la tarde,
pobre pajecillo,
con labios de rosa,
con ojos de idilio;
al llegar la noche,
junto a los macizos
de arrayanes, vaga,
cerca del castillo.

Cerca del castillo,
vagar vagamente
la reina le ha visto.
De sedas cubierto,
sin armas al cinto,
con alma de nardo,
con talle de lirio.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Otra vez y por siempre, Miguel Hernández


           CARTA

 El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.


En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.


Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.

Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.


Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.